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Es por purititta resaca

Y todo terminó

Y saben, no pretendo dar mas detalles sobre fechas, lugares o momentos, menos sobre pesos o medidas (porque no entiendo cómo puede la gente usar esas cosas para referirse a alguien), pero pareció haber sucedido de la manera más estúpida que pudo ocurrir. Decir que sabía que iba a pasar es pretender saberlo todo (y es una de mis especialidades, pero ahora lo dejaremos), pero tanto tiempo, distancia y un comportamiento inusualmente extraño (que parecía ser hasta maduro) atacaban a mi mente, mientras me convencía de no dudar puesto que la gente cambia. Es aquí cuando tenemos a la primer idea que quisiera compartir en este blog:

 

La gente no cambia.

 

Es así de simple y tuve que dejar dos renglones de separación porque la idea abarca demasiado, pero me explicaré: no importa que tan lejos estés o cuantas dificultades experimentes, qué tan fuerte sean tus experiencias o que tan tranquilo te sientas, no vas a cambiar. Parece que el comportamiento de las personas está particularmente ligado con la indeterminada estupidez (o falta de) que traen en sus genes. Es así que si estás acostumbrada a abrir las piernas con el primer niño bonito que veas, o si te cuesta muchísimo trabajo mantenerte con una sola mujer, no lo intentes, la gente no cambia. No importa el cariño que le puedas tener a alguien, el compromiso que puedas demostrar cuando redactas bonitos memos a tu jefa o la eficiencia para calcular la raiz cuadrada de 2, no está en la naturaleza humana. Tal vez la siguiente pregunta sería preguntarnos por qué nos aferramos a creer que los cambios pueden suceder...

 

Tengo un par de ideas, pero es todo por hoy

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